La Estadística Anual sobre Drogas 2025 del CITCO vuelve a dejar una fotografía conocida: España intercepta enormes cantidades de hachís, marihuana y plantas de cannabis, pero los decomisos no explican por sí solos consumo, disponibilidad ni daños. Interior informó el 19 de agosto de que las fuerzas estatales decomisaron 370 toneladas de cocaína, hachís, marihuana y heroína en 2025, además de 875.000 plantas de cannabis. Cáñamo subrayó que esos datos describen actividad policial, no una medida completa del mercado. La lectura para España y Canarias es clara: hace falta una política que mida mejor y regule con más inteligencia.
Claves de la noticia
- Interior publicó la Estadística Anual sobre Drogas 2025 elaborada por CITCO.
- El balance suma 370 toneladas de cocaína, hachís, marihuana y heroína decomisadas por fuerzas estatales.
- El informe añade 875.000 plantas de cannabis incautadas y cantidades relevantes de MDMA y otras sustancias.
- El hachís lidera el volumen, con 257 toneladas, un 29% más que en 2024 según Interior.
- El propio balance no incluye aprehensiones de policías autonómicas, por lo que debe leerse con cautela territorial.
Lo que mide un decomiso
Un decomiso mide lo que el Estado intercepta, no todo lo que circula. Puede aumentar porque hay más mercado, porque hay mejores operaciones, porque una ruta concreta se desplaza o porque un solo cargamento altera la estadística anual. Por eso conviene evitar titulares automáticos: más kilos no significan siempre más consumo; menos kilos tampoco prueban que haya menos disponibilidad.
En cannabis ocurre algo parecido con las plantas. La cifra de 875.000 plantas incautadas impresiona, pero mezcla realidades muy distintas: cultivos intensivos conectados a redes criminales, plantaciones de exterior, naves con fraude eléctrico, pequeños cultivos y operaciones territoriales de escala variable. Una política pública madura debería diferenciar esas situaciones.
El límite del enfoque policial
La persecución de redes violentas, fraude eléctrico, venta a menores o tráfico organizado es necesaria. El problema aparece cuando toda la conversación sobre cannabis queda reducida a operaciones policiales. Entonces se habla de toneladas y plantas, pero no de seguridad jurídica, prevención juvenil, control de calidad, autocultivo responsable, clubes sociales o acceso medicinal.
El prohibicionismo promete ordenar el mercado, pero muchas veces solo consigue medirlo cuando ya es clandestino. Si España quiere reducir daños, necesita indicadores sanitarios, encuestas, análisis de aguas residuales, datos hospitalarios, información sobre potencia y trazabilidad. Los decomisos son una pieza, no el mapa completo.
Separar cannabis de otros mercados
El balance de Interior agrupa varias sustancias y muestra también el crecimiento de incautaciones de sintéticas como MDMA o metanfetamina. Ese contexto obliga a ser precisos: no todo riesgo es igual, no toda sustancia pide la misma respuesta y no todo consumo adulto debe tratarse como crimen organizado.
Regular cannabis no significa ignorar problemas. Significa separar el consumo adulto informado, el autocultivo, los clubes sociales, el cáñamo industrial, el cannabis medicinal y las redes clandestinas. Esa distinción ayudaría a concentrar recursos policiales donde hay violencia, explotación o riesgo para terceros, y a desplazar el resto hacia salud pública, derechos y reducción de daños.
Lectura para Canarias
Canarias conoce bien el peso de las rutas marítimas y la presión del mercado ilícito atlántico. Pero el archipiélago también tiene clubes sociales, autocultivo privado, turismo, tiendas de CBD y presencia en el mapa de cultivo medicinal autorizado. Meter todo en una misma narrativa de decomisos impide diseñar respuestas proporcionadas.
Una regulación útil para Canarias debería proteger a menores, distinguir espacios privados de venta ilegal, exigir información fiable y reservar la respuesta penal más dura para redes organizadas. Además, por la fragmentación insular, el archipiélago necesita datos propios y no solo promedios estatales: qué ocurre en cada isla, qué demanda asistencia sanitaria, qué productos circulan y qué recursos de reducción de daños existen.
Regular también es medir mejor
La EUDA recuerda que el cannabis sigue siendo la sustancia ilícita más consumida en Europa y que el mercado se ha diversificado. Esa realidad no desaparece con más partes policiales. Lo que cambia con una regulación bien diseñada es la capacidad de saber qué se produce, qué potencia tiene, dónde se vende, cómo se informa y cuándo retirar productos inseguros.
España puede seguir contando plantas incautadas año tras año o empezar a construir una política más completa. Para Cannarias, la agenda sensata no es negar riesgos ni romantizar el mercado, sino quitar espacio a la clandestinidad con reglas claras, datos públicos y respeto a personas adultas que consumen sin causar daño a terceros.
FAQ
¿Los decomisos prueban cuánto cannabis se consume?
No. Ayudan a seguir operaciones y rutas, pero no miden por sí solos consumo, disponibilidad ni tamaño completo del mercado.
¿Regular implica dejar de perseguir redes ilegales?
No. Una regulación seria permite distinguir mejor y concentrar la persecución en tráfico organizado, venta a menores, violencia, fraude y productos inseguros.
¿Qué debería hacer Canarias con estos datos?
Usarlos como señal para pedir estadísticas insulares, prevención honesta, reducción de daños y seguridad jurídica para diferenciar adultos responsables de redes clandestinas.
Fuentes
- Ministerio del Interior / CITCO: Estadística Anual sobre Drogas 2025.
- Cáñamo: las incautaciones cambian el mapa de las drogas en España.
- EUDA: cannabis en el Informe Europeo sobre Drogas 2026.
Aviso editorial: contenido informativo para mayores de 18 años. Cannarias no promueve la venta ni el consumo de sustancias fiscalizadas.




